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Las técnicas mineras entre la Edad Media y el presente

La presencia musulmana se va a manifestar principalmente en el área de Almadén, donde su mina de mercurio fue uno de los bienes más preciados durante la época califal, aunque hay vestigios mineros por toda Sierra Morena y el Valle de Alcudia. Una de las mayores aportaciones que introdujeron los árabes en las minas de Almadén fue la primera metalurgia industrial del azogue a través de los conocidos hornos de xabecas (palabra árabe que significa red). El uso del mercurio durante este periodo fue muy variado destacando en la metalurgia (dorado de metales), alquimia, medicina, farmacia, cosmética, arquitectura, etc. (cuenta la leyenda que, en el palacio de Medina Azahara, Córdoba, Abderraman III tenía un estanque lleno de mercurio para impresionar a sus visitantes como símbolo de poder y riqueza). En al-Ándalus, el mercurio fue una sustancia de alto valor científico, técnico y simbólico, empleada desde la metalurgia y la medicina hasta la arquitectura palatina.

Hornos de xabeca (Fundación Francisco Javier de Villegas)
Reconstrucción de los hornos de Xabeca de origen árabe (Siglo X) empleados en la metalurgia del mercurio. Fuente: Fundación Almadén “Francisco Javier de Villegas”

En los reinos cristianos, hasta el siglo XIII, con excepción de algunas minas de oro en el noroeste y la explotación del hierro que nunca dejó de producirse, apenas se tienen noticias y las extracciones de minerales eran escasas con algo más de desarrollo en las rocas ornamentales. El avance de los cristianos hacia el sur de Sierra Morena, con el consiguiente aumento de la población, la reactivación económica y el acceso a una zona rica en minerales, permitieron una demanda mayor de metales que provocó un importante impulso en el sector minero, que para su desarrollo incorporó algunas innovaciones tecnológicas como el empleo de la energía hidráulica para el accionamiento de fuelles, mazos y laminadores en ferrerías y fargas catalanas. Un buen ejemplo de este periodo lo encontramos en las minas de Almadén, propiedad de los reyes y arrendadas según el momento a mercaderes y comerciantes, así como dejadas en explotación a ordenes militares como la de Calatrava.

A finales del siglo XV, con el descubrimiento de América, se va a producir un cambio sustancial en la economía española que va a condicionar la historia económica de España hasta finales del siglo XIX. El elemento clave de este cambio será el descubrimiento y puesta en explotación de los yacimientos de metales preciosos en América a lo largo de todo el siglo XVI, lo cual provocó un boyante comercio ultramarino y su subsiguiente reflejo en los intercambios europeos. Debido ello a que la mayor parte de metales preciosos, esencialmente plata, se obtenía por el método de amalgamación de estos metales con mercurio. Dicho método, conocido con el nombre de método de patio, fue inventado por Bartolomé de Medina en Pachuca (México) en el año 1555, lo que provocó un espectacular crecimiento de la demanda de mercurio convirtiendo a las minas de Almadén en la Joya de la Corona del reino de España.

Patio de amalgamación Zacatecas (Museo Nacional de Historia, México)
Patio de amalgamación en Zacatecas (México), 1840 (Museo Nacional de Historia, México)

El interés por las minas de Almadén para la obtención de la mayor cantidad posible de mercurio hizo que a esta llegaran las novedades técnicas más importantes procedentes de centro Europa. El uso de los malacates de caballería para el transporte vertical en la mina de minerales y desagüe, así como la metalurgia de los hornos de reverberación y aludeles (1645), entre otras mejoras técnicas, hicieron que la mina de Almadén fuera la mina más importante de la península ibérica a finales del siglo XVIII, no solo por el valor del mercurio, sino por su producción y la tecnología que en ella se empleaba, gracias también a la contratación de ingenieros alemanes procedentes de la Escuela de Minas de Freigber y la creación de la primera Escuela de Minas de España en el año 1777.

Horno de aludeles o de Bustamante, (Almadén) (foto L. Mansilla)
Horno de aludeles o de Bustamante, ubicado en el Parque Minero de Almadén (foto L. Mansilla)

La minería en el siglo XIX constituye la época dorada de la minería española, debido fundamentalmente al amplio cambio social y económico que supuso para el país y al interés mostrado por un gran número de empresas nacionales y extranjeras por sus criaderos minerales. Este interés se deriva por el desarrollo de la Revolución Industrial, que necesita gran cantidad de materias primas (plomo, hierro, cobre, cinc, mercurio, etc.) para abastecer fundamentalmente la enorme demanda de estos productos en las nuevas economías europeas, haciendo que el sector minero llegase a suponer, en el cambio de siglo, la tercera parte de las exportaciones españolas.

La reactivación minera en este territorio se va a producir a partir de 1840, alcanzando su pleno desarrollo a finales del siglo, siendo los minerales más explotados el plomo, el carbón y el mercurio. 

En la explotación del plomo el distrito minero por excelencia en Castilla-La Mancha será el Valle de Alcudia, con más de 500 minas y complejos mineros puestos en marcha durante este periodo. A comienzos del siglo la minería del plomo fue de carácter minifundista, para pasar a mediados de la centuria a ser controlada por sociedades de inversores que formaron compañías mineras como: “136 años”, “La Victoria”, “Compañía General de Minas”, “La Minería Española”, etc., fomentadas por el interés del estado en la promoción de la minería metálica fundamentalmente y la promulgación de las diferentes leyes de minas del último tercio del siglo. Dos factores fueron clave en todo este proceso para el relanzamiento de esta zona de la provincia de Ciudad Real. El primero de ellos fue la mecanización de la explotación minera con la introducción de la máquina de vapor para la extracción de minerales, el desagüe y los procesos de transformación de los minerales. Ejemplo destacable de ello fueron las minas de El Horcajo, donde en 1876 existían ya diez máquinas de vapor, dos para el desagüe, cinco para extracción, dos en el taller de lavado y una en el taller mecánico. El segundo factor fue la llegada del ferrocarril Alcázar de San Juan-Ciudad Real en 1864 y dos años más tarde, en 1866, su ampliación hasta Badajoz, que contribuyó mucho a aliviar el precio de la producción del plomo debido a las malas infraestructuras de la zona, sobre todo en aquellas explotaciones que estaban situadas en las proximidades de la nueva línea férrea.

Máquina de desagüe Minas del Horcajo
Máquina de desagüe de las Minas del Horcajo. (1888) (Museo Histórico Minero Francisco Pablo Holgado de la Escuela de Ingeniería Minera e Industrial de Almadén (UCLM).

La apertura de la legislación minera hizo que el sector pasara a manos de las compañías extranjeras, para terminar la mayoría de ellas siendo absorbidas por la Sociedad Minera y Metalúrgica de Peñarroya a partir de la década de los años noventa del siglo XIX, formando un complejo de minas y fundiciones que explotaban prácticamente todo el plomo de Sierra Morena Oriental y Central (Ciudad Real, Jaén, Córdoba, Badajoz) y el carbón de Puertollano (Ciudad Real) y Belmez (Córdoba) para concentrarlo todo en las dos grandes fundiciones del momento, las instaladas en Peñarroya-Pueblonuevo (Córdoba) y Puertollano (Ciudad Real). La nueva empresa minera aceleró el proceso de modernización de los trabajos mineros con la mejor tecnología del momento, así como con el desarrollo de nuevas infraestructuras viarias con la creación de una red de ferrocarriles de vía estrecha de más de 250 km, que comunicaban las minas de San Quintín de Villamayor de Calatrava (Ciudad Real) en el extremo septentrional de su zona de actuación, con Fuente del Arco (Badajoz) en el extremo occidental donde se unía a la línea férrea Mérida-Sevilla construida por la compañía MZA, lo que permitió sacar fácilmente los productos de las fundiciones a los puertos andaluces para su exportación.

Viaducto ferrocarril San Quintín-Puertollano
Viaducto del Ferrocarril minero que unía las Minas de San Quintín (Ciudad Real) con Puertollano (Ciudad Real) y Peñarroya-Pueblonuevo (Córdoba) (Mancha Ignota (https://manchaignota.blogspot.com/2022/02/viaducto-de-minas-de-horcajo.html)

La minería de mercurio en Almadén sufrió durante el primer tercio del siglo paros intermitentes propiciados primero por la guerra contra los franceses, y más tarde por la independencia de los virreinatos americanos, que era a donde se dirigía la mayor parte del mercurio de Almadén. A pesar de esto las minas fueron durante todo el siglo el principal yacimiento abastecedor de mercurio para la minería americana, propiciado fundamentalmente por la necesidad que tenían de este metal para la obtención de oro y plata como base de las incipientes economías de los nuevos países que se iban conformando.

Las necesidades de mercurio para la amalgamación de los metales preciosos y los nuevos usos de este metal para la industria química, instrumentación, armamento, etc., puestos en marcha durante el siglo XIX, propiciaron un aumento importante de su producción. Esto obligó a las minas de Almadén a una fuerte modernización, ya que a los métodos tradicionales de explotación minera se unieron las nuevas tecnologías traídas de Europa, así como un desarrollo metalúrgico sin igual con más de nueve tipos de hornos puestos en marcha y pruebas continuas de innovación para aumentar la producción de mercurio. Este interés propició que esta mina fuera una de las más modernas del mundo, lo que hizo que sirviera de modelo para el resto de las explotaciones mineras de España, llegando hasta ella multitud de estudiosos y científicos interesados en su riqueza y en la tecnología que se fue implementando a lo largo de los años.

Máquina de extracción de San Aquilino (Almadén) (Arch. ETSIM, Madrid

El carbón, otro de los motores de la industrialización del siglo XIX, jugó un papel importante el yacimiento de Puertollano, que fue descubierto en 1873 por ingenieros de minas comisionados por un importante banquero de la época para la investigación de ciertos yacimientos de hierro mencionados al sur de Puertollano. De regreso de sus investigaciones apreciaron entre los materiales de excavación de una noria algunas pizarras “bituminosas” y rocas con fósiles del Carbonífero. Hecha la notificación del descubrimiento, con prontitud el Conde de Valmaseda, Vicente Delgado, demarco sobre estos vestigios la mina La Extranjera en la que en un pozo de investigación a unos 30 m encontró las primeras capas de carbón. Junto a La Extranjera se establecieron al rumor del descubrimiento del terreno carbonífero varias concesiones, destacando “La Mejor de Todas” de la Casa Larios, que cortó carbón en la capa Primera iniciándose con ello el desarrollo de la cuenca hullera.

En 1876 las concesiones mineras se habían multiplicado, aunque la puesta en marcha de la primera explotación no se produjo hasta 1884, año en el que la mina La Extranjera comenzó a extraer hulla con un ritmo de producción ascendente que superó las 100.000 t/año a partir de 1895. La baja calidad del carbón, en comparación con el importado, y la falta de medios de transporte que posibilitaran su acceso a otros mercados, provocaron que la producción se estabilizara alrededor de las 300.000 t/año en el período de 1899 a 1913. En este año las minas ocupaban a 2.000 obreros.

Durante el siglo XX la minería de este territorio corrió diferentes suertes. El sector metálico sufrió los altibajos que se dieron durante este periodo, encontrándonos con una desaparición completa de las explotaciones de plomo en el Valle de Alcudia a partir de los últimos años de la década de los sesenta, que dejó algunos lavaderos abiertos para tratar escombreras que cesarían su actividad pocos años más tarde con el descenso de los precios del plomo y decenas de minas abandonadas con un importante patrimonio minero industrial.

Otras sustancias metálicas como el mercurio corrieron suertes diferentes ya que durante gran parte del siglo XX fue uno de los productos estrella de la minería de Castilla-La Mancha. Las necesidades de mercurio por su valor estratégico y militar hicieron que su consumo y producción aumentara durante los periodos de las dos grandes guerras, así como por las importantes necesidades de este metal para la industria química. Su decadencia se produjo a partir de la década de los años setenta con la irrupción de los controles ambientales que harán que este metal sea considerado altamente contaminante, y como consecuencia de ello, a partir de esos años, el mercurio comenzó a ser sustituido por otros productos en la industria, lo que obligó al cierre de la milenaria mina de Almadén en el año 2002.

Pozo de San Joaquín (foto L. Mansilla)

La minería del carbón en Castilla-La Mancha fue uno de los sectores que más evolucionó en el siglo XX, sobre todo las minas de Puertollano (Ciudad Real), ya que las de Henarejos (Cuenca) apenas tuvieron continuidad. Las minas de Puertollano pronto se vieron favorecidas por la Primera Guerra Mundial, debido en gran parte a la entrada en ella de los grandes competidores como Inglaterra y Alemania, lo que propició un aumento de la demanda y producción del carbón manchego. La finalización de la guerra trajo consigo una fuerte disminución de la producción con el cierre de algunas minas y las dificultades de poner en el mercado los carbones de la cuenca que eran de baja calidad. Para paliar en parte estos problemas la Sociedad Minero Metalúrgica Peñarroya puso en marcha una central térmica que no pudo contrarrestar la crisis en el sector y llegó a una fuerte decadencia que se alargaría hasta después de la Guerra Civil española. Terminada ésta las minas de Puertollano volverán a ver un periodo de expansión y modernización que durará hasta 1951, propiciado por el periodo autárquico de la dictadura franquista y las necesidades de carbón para la incipiente industrialización española. A partir de la década de los cincuenta la minería del carbón comenzó a entrar en recesión con el agotamiento de algunas minas y el cierre de estas a partir de los años sesenta para concluir el cierre de la minería subterránea en al año 1975. Tan solo quedó en actividad una pequeña cooperativa de mineros (La Batosa) que mantuvo en explotación la Mina Lourdes hasta 1991.

Para solventar los problemas sociales que se derivaban del cierre de las minas subterráneas, el gobierno decidió encomendar a la Empresa Nacional de Carbones del Sur (ENCASUR) la explotación a cielo abierto de una zona virgen del yacimiento 144 con el fin de suministrar carbón a la central térmica de Sevillana de Electricidad, situada al pie de la cuenca hullera, utilizando para su laboreo la tecnología minera más moderna del momento, con un grado de compromiso medioambiental que ha llegado a considerar a esta mina como un referente de restauración ambiental. El final del siglo XX, con las necesidades de carbón para la industria eléctrica ha sido bastante favorable para las minas de Puertollano, pero la reconversión del sector propiciada desde la Unión Europea ha dado lugar a la finalización de la minería del carbón de Puertollano en la segunda década del siglo XXI.

Mina Emma I 2015 (foto ENCASUR-ENDESA)
Corta de la Mina Emma de Puertollano en el año 2015 al finalizar la explotación minera (foto ENCASUR-ENDESA)
Mina Emma II 2018 (foto ENCASUR-ENDESA)
Corta de la Mina Emma de Puertollano en el año 2018 tras la restauración (foto ENCASUR-ENDESA)