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La mina Cora Pearl constituye uno de los ejemplos más sobresalientes de minería romana conservados en la Península Ibérica, al preservar un amplio conjunto de labores subterráneas documentadas por C. Domergue y estudiadas en detalle por F. Palero, cuyo trabajo seguimos en estas líneas. La escasa potencia de las mineralizaciones, el relativo aislamiento del enclave y la dificultad de acceso han contribuido decisivamente a la conservación de estas estructuras hasta nuestros días.
La mineralización explotada corresponde a un sistema de filones en el que predomina la galena, acompañada por esfalerita y sulfosales, principalmente tetraedrita y bournonita, responsables del contenido argentífero del mineral. Esta circunstancia explica el interés que el yacimiento debió despertar entre los mineros romanos desde las primeras fases de explotación. Desde el punto de vista mineralógico, la mena se caracteriza por una galena de grano fino. Entre las labores conservadas sobresale el denominado Socavón de los Murciélagos, una galería de aproximadamente 475 m de longitud que, mediante un trazado sinuoso, alcanza la vertical del denominado Rafado de Levante tras salvar un desnivel cercano a 120 m. Este socavón reutiliza parcialmente una antigua galería romana de desagüe, de sección rectangular y reducidas dimensiones (entre 1 y 1,25 m de altura y 50-70 cm de anchura). Su recorrido irregular indica que, además de facilitar el drenaje, desempeñó un importante papel en la prospección de nuevas mineralizaciones. Asimismo, se ha identificado una galería ascendente de sección ovalada, con una altura aproximada de 1,60 m y un ensanchamiento a la altura de los hombros, rasgo que puede interpretarse como una adaptación destinada a facilitar el transporte manual del mineral durante el ascenso. La presencia de galerías en crucero y de otras excavadas siguiendo estructuras potencialmente mineralizadas pone de manifiesto una intensa actividad de reconocimiento y exploración, desarrollada con criterios técnicos y una planificación bien definida. Todo ello evidencia el esfuerzo realizado por prolongar la explotación del yacimiento incluso tras alcanzar profundidades próximas a los 120 m y atravesar sectores con mineralizaciones de escasa ley o estériles.
En época contemporánea, desde el punto de vista administrativo, el yacimiento quedó integrado en un grupo de seis concesiones mineras delimitadas entre la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX, de las cuales cuatro comprendían tanto las antiguas labores como los principales afloramientos filonianos del sector. Tras sucesivas campañas de explotación e investigación por la Compañía Escombrera Bleyberg y, posteriormente, por la Sociedad Minero-Metalúrgica de Peñarroya, las labores fueron abandonadas por su escasa rentabilidad. Nuevas investigaciones realizadas entre 1970 y 1972, y posteriormente por Minas de Almadén y Arrayanes (1986-1987), confirmaron el elevado interés arqueológico del yacimiento, aunque no justificaron su reactivación minera.
Desde la N-420 (Córdoba–Tarragona) se toma, aproximadamente en el punto kilométrico 105, un camino rural que da acceso a varias fincas del valle de Valmayor. Tras recorrer unos 5 km, se toma un desvío hacia el este en dirección a Navalmanzano. Se continúa por esta pista durante aproximadamente 8 km hasta alcanzar el valle de Valmayor y, tras unos 3 km más, se llega a la antigua Casa de la Tejera (397500-4250900), punto de referencia para acceder a la zona minera. El último tramo debe realizarse a pie por antiguos caminos mineros. La dificultad del itinerario es media, ya que discurre por un terreno irregular y pedregoso, con fuertes pendientes en algunos puntos y vegetación densa junto al río. Los caminos figuran descritos en el Inventario de Caminos Públicos de Fuencaliente aprobado en el año 2003. Sin embargo, la propiedad de la finca Valmayor se ha opuesto a que se declaren de propiedad pública los caminos que atraviesan la finca y ha iniciado un pleito judicial contra el Ayuntamiento de Fuencaliente.
La visita debe realizarse exclusivamente por los caminos y senderos existentes, evitando acceder al interior de las galerías, pozos o cualquier labor subterránea, debido al riesgo de derrumbes, desprendimientos y atmósferas peligrosas. Se recomienda utilizar calzado de montaña, llevar agua suficiente, protección solar y consultar previamente el estado de los caminos, especialmente tras episodios de lluvia. El enclave se encuentra en un entorno natural de elevado valor ecológico y alberga refugios de quirópteros protegidos, por lo que es imprescindible respetar la fauna, evitar causar molestias y no acceder a las cavidades. Asimismo, no deben recogerse minerales, escorias ni materiales arqueológicos, contribuyendo así a la conservación del patrimonio minero y del medio natural.