Anterior Pozo de San Joaquín
Su origen se remonta a comienzos del siglo XVIII, en relación con la explotación de la denominada Mina del Castillo. Esta zona adquirió importancia tras el hallazgo de mineral en el entorno del antiguo castillo de Retamar y la apertura de labores destinadas a acceder al criadero desde el núcleo urbano. En ese contexto, el Pozo de San Miguel cumplió una función esencial como acceso vertical para la extracción de mineral y la entrada de materiales.
En sus primeras etapas, el pozo contó con sistemas de izado tradicionales. Entre ellos destacaba una prensa formada por un cilindro horizontal sobre el que se enrollaba el cable que permitía subir y bajar cargas. Este tipo de mecanismo refleja una fase de transición entre la minería preindustrial y la posterior mecanización de las instalaciones.
Durante los primeros años del siglo XIX, el Pozo de San Miguel fue nuevamente profundizado y adaptado a las necesidades crecientes de la explotación. Con la evolución de los trabajos interiores, llegó a formar parte de la red de pozos auxiliares que daban servicio a la mina junto al Pozo de San Teodoro, que fue durante mucho tiempo el pozo principal, y al Pozo de San Aquilino, situado hacia poniente.
El pozo alcanzó una profundidad aproximada de 509 metros. Esta cifra muestra la importancia técnica que llegó a tener dentro del sistema subterráneo de Almadén. Su función no se limitó a la extracción inicial, sino que fue adaptándose a las distintas reorganizaciones de la mina: acceso, movimiento de materiales, extracción auxiliar, desagüe y ventilación.
A comienzos del siglo XX, San Miguel conservaba un castillete de madera y maquinaria vinculada a la extracción de mineral y al desagüe. Estos elementos muestran el carácter funcional de la instalación y su integración en el paisaje industrial de la mina. Aunque no alcanzó la relevancia simbólica de San Teodoro ni la modernidad del Pozo de San Joaquín, San Miguel fue una pieza imprescindible dentro del funcionamiento general de las labores subterráneas.
Durante la gran reestructuración minera de la década de 1960, los pozos de San Teodoro y San Miguel fueron ensanchados, reforzados y profundizados. En ese proceso, San Teodoro recibió una nueva máquina de extracción, mientras que San Miguel quedó destinado exclusivamente a ventilación. Para ello se instalaron ventiladores aspirantes, convirtiéndolo en un elemento clave para garantizar la renovación del aire en las galerías profundas.
Su ubicación urbana le otorga un valor añadido. El Pozo de San Miguel no solo pertenece a la historia de la mina, sino también a la historia cotidiana de Almadén. Su presencia en una plaza pública recuerda que la actividad minera no estaba separada de la ciudad, sino que formaba parte de su paisaje, de su economía y de su vida diaria.
En los últimos años se han promovido actuaciones de conservación y restauración del edificio de la sala de máquinas y de la maquinaria industrial asociada al pozo. Estas intervenciones responden a la necesidad de proteger un bien que forma parte del patrimonio mundial del mercurio y del conjunto histórico-minero de Almadén.
El pozo se encuentra en un espacio urbano de fácil acceso, junto a una zona ajardinada y próxima al Parque Minero de Almadén. La visita exterior presenta un grado de dificultad bajo, al estar situado en pleno casco urbano. El acceso al interior del edificio, a la sala de máquinas o a espacios técnicos debe considerarse restringido y sujeto a autorización.
No se debe acceder al interior del edificio ni a zonas técnicas sin autorización expresa. Aunque el entorno exterior es accesible, se trata de una instalación minera histórica asociada a un pozo de gran profundidad, por lo que deben respetarse cierres, vallados, señalización y cualquier limitación establecida por MAYASA o por el Ayuntamiento de Almadén. Para visitas técnicas, patrimoniales o de investigación se recomienda solicitar permiso previo.